Kazimir Malévich (Kiev, 1879 — Leningrado, 1935) llevó la pintura hasta un punto del que era difícil volver. En diciembre de 1915, en la exposición 0,10 de Petrogrado, colgó un cuadrado negro sobre fondo blanco en la esquina alta de la sala, el lugar que en las casas rusas se reservaba a los iconos. Con ese gesto presentó el suprematismo: una pintura hecha solo de formas geométricas puras flotando en el vacío.
Antes había pasado por todo lo que se podía pasar en veinte años: impresionismo, simbolismo, un cubofuturismo propio en el que las figuras se vuelven conos y cilindros metálicos. Después del cuadrado llegaron los círculos, las cruces y las bandas de color en diagonal, y por último Blanco sobre blanco (1918), un cuadrado apenas insinuado sobre otro del mismo color.
La revolución lo encumbró como profesor en Vitebsk y Petrogrado, pero el realismo socialista lo arrinconó en los años treinta y tuvo que volver a pintar campesinos figurativos. Murió en 1935 y, según su voluntad, lo enterraron con un cuadrado negro señalando la tumba.
En sus obras no hay pincelada que disimule: cualquier desvío en un borde o en la inclinación de una banda se nota. Por eso ajustamos el encuadre a mano antes de imprimir y montamos el lienzo tensado en bastidor de abeto, para que la geometría llegue a la pared tal y como él la calculó.