Caspar David Friedrich (Greifswald, 1774 — Dresde, 1840) tenía trece años cuando su hermano Johann Christoffer murió ahogado al romperse el hielo mientras lo ayudaba a salir del agua. Vivió con eso toda la vida y sus cuadros están llenos de hielo, niebla y figuras solas de espaldas.
Se instaló en Dresde en 1798 y apenas se movió de allí. Su recurso más reconocible es la figura vista por detrás, que obliga al espectador a mirar el paisaje desde donde lo mira ella: El caminante sobre el mar de nubes (hacia 1818), en la Kunsthalle de Hamburgo, es el ejemplo que todo el mundo conoce. En el mismo museo está El mar de hielo (1823-1824), con un barco triturado por los témpanos.
Compuso también paisajes abiertamente religiosos, con abadías en ruinas y cruces en la montaña, que en su momento se discutieron por sacar el sentimiento religioso de la iglesia y ponerlo en la naturaleza. Un derrame cerebral en 1835 lo dejó sin poder pintar al óleo, y murió cinco años después bastante olvidado.
Sus cielos son degradados larguísimos en los que cualquier banda o corte se ve de inmediato. Imprimimos con tintas de amplia gama sobre lienzo de algodón para que la transición quede continua, y montamos cada pieza a mano.