Julio Romero de Torres (Córdoba, 1874-1930) se crio dentro del museo: su padre, pintor, era el director del Museo de Bellas Artes de Córdoba y la familia vivía en el mismo edificio.
Su pintura combina el retrato simbolista con un fondo casi siempre reconocible: patios, tapias y perfiles de Córdoba al anochecer. Las mujeres que pintó —morenas, serias, mirando de frente— fijaron una imagen de lo andaluz que acabó convertida en icono popular, para bien y para mal.
La chiquita piconera (1930), su último cuadro, y Naranjas y limones están en el museo que lleva su nombre en Córdoba, junto a la casa donde nació. Su entierro fue un acontecimiento multitudinario en la ciudad.
Sus fondos oscuros y las carnaciones cálidas necesitan un rango amplio para no aplanarse. Lo ajustamos sobre lienzo de algodón, que da el acabado mate que pide esta pintura, y montamos a mano en nuestro taller.