William Blake emerge en un Londres de finales del siglo XVIII, una época donde la razón ilustrada empezaba a sentir el pulso de la emoción romántica. Sin embargo, Blake no se alineó con ninguna corriente; forjó un universo propio, una cosmogonía donde lo místico y lo profético se entrelazaban con una intensidad sin parangón. No era un mero artista, sino un vidente que plasmaba sus visiones en una forma de arte total. Lo que distingue a William Blake es su convicción inquebrantable en el poder de la imaginación. Rechazó las convenciones de su tiempo para crear "libros iluminados", donde el texto poético y la imagen grabada se fusionaban en una unidad indivisible. Esta técnica, el grabado en relieve o "impresión iluminada", le otorgaba un control absoluto, permitiéndole ser poeta, pintor y editor de su propia mitología. Obras como "Cantos de Inocencia y de Experiencia", "El Matrimonio del Cielo y el Infierno" o la serie "El Gran Dragón Rojo" no son simples ilustraciones; son ventanas a su compleja visión del mundo. A través de ellas, William Blake explora la dualidad humana, la opresión y la liberación espiritual con una fuerza alegórica que todavía hoy nos interpela. Aunque se le asocia al Romanticismo por su énfasis en la emoción y lo sublime, su individualismo extremo lo sitúa en una órbita única, casi inclasificable. Sus géneros predilectos fueron la alegoría y la pintura religiosa y mitológica, siempre impregnadas de un profundo sentido espiritual. Técnicamente, además de su grabado, dominó la acuarela y el temple, y en sus figuras se percibe la monumentalidad de Miguel Ángel y la precisión de Durero, con ecos del arte gótico. Un detalle fascinante sobre William Blake es que, desde su infancia, afirmó tener visiones de ángeles y espíritus, experiencias que él consideraba tan reales como el mundo físico. Estas visiones nutrieron su obra y, aunque a menudo incomprendidas por sus contemporáneos, son la clave de su singularidad. Murió en relativa oscuridad, pero su legado fue redescubierto por los Prerrafaelitas y, más tarde, por Simbolistas y Surrealistas, quienes lo vieron como un precursor. Hoy, su obra es valorada por su originalidad, su intensidad emocional y su poder visionario. Como él mismo escribió: "Si las puertas de la percepción se purificaran, todo se le aparecería al hombre tal cual es: infinito."